jueves, 5 de julio de 2007

CONVERSANDO CON ELPAPIRRI EN RITMO DE CRONICA Y ENTREVISTA


Santa Cruz, Mayo de 2007. Algún día en particular que ya no recuerdo. Esta nota falló en un principio por la falta de afinidad en horarios entre nuestro entrevistado y el medio. Manuel Monroy Chazarreta estaba de visita en Santa Cruz, presentando su disco “Papirri en vivo”, dos noches seguidas en el Tapekua. Intentamos un sábado por la mañana en un céntrico hotel de la ciudad. Noche antes, el Papirri de juerga. Día después el Papirri con resaca. Fracasamos. Solo pudimos contactar a sus músicos quienes lo acompañaban en la oportunidad. Víctor Hugo Guzmán (batería), Carlos Ponce (vientos) y Edwin Mendoza (bajo). Finalmente, nuestra periodista Sandra Quisbert logra la tan ansiada nota en el Tapekua, en la última noche del Papirri en vivo en Santa Cruz. Sin embargo la escasez del tiempo hace que la entrevista se limite a pocas líneas. Teníamos una deuda pendiente, más minutos para la conversación

La Paz, últimos días de junio. Viajo en busca de nuevos artículos para la revista. Intento comunicarme con el Papirri vía telefónica (Papirri es residente paceño). Mala suerte de nuevo. El Papirri se encuentra en Cochabamba, haciendo gestión pública cultural. Si bien lo mencionó en su primera entrevista, mi amnesia temporal tuvo éxito. OK. Acordamos una cita en Cochabamba días después.

Cochabamba, 48 horas después de la llamada. Al fin, el Papirri y yo solos y con tiempo para conversar más tendidamente de todo. Una cafetería del centro cochabambino el mejor escenario, acompañados de unos jugos de frutas. El paso del tiempo se detiene cuando el Papirri habla, no se limita a una respuesta, acompaña con anécdotas, se extiende para bien (no para aburrir), contextualiza. Es un conversador nato. Hablamos un poco más, casi 30 años de carrera. De la dictadura al exilio, de la democracia a lo urbano y por medio lo instrumental. Finalmente, un gusto aparte. Su disco en vivo grabado el año pasado en el Teatro Municipal de la ciudad de La Paz, “el living de su casa” como llama con cariño a su ciudad. El Papirri, un boliviano paceño, un canta autor, un artista que narra el presente texto en dos tiempos, acompañando al ritmo de sus palabras.


LINEAS GENERALES DESDE EL TAPEKUA, SANTA CRUZ [PRIMERITA]



Papirri rodeado de sus músicos en SCZ, de izq a der. Edwin Mendoza, Victor Guzman y Carlos Ponce

¿En qué quedó tu proyecto de “El Papirri en vivo” edición DVD?

Pasa lo de siempre, no hay financiamiento. Las cosas se ponen muy difíciles, son costos muy altos. Lamentablemente ni el estado ni la empresa privada están dispuestas a invertir en nosotros.

¿Quién es “El Papirri” y quién Manuel Monroy Chazarreta?

Son dos personajes. Yo creo que el “Papirri es el personaje, el juerguero, el que le gusta la fiesta, le gusta la gente, andar así popular. El Manuel Monroy es todo lo contrario, es el que tiene que pagar las cuentas. En este momento estás entrevistado a Manuel Monroy como verás. Esta noche lo vas a ver al Papirri hacer sus averías.

Una de las características de tus composiciones es la utilización de modismos típicos del paceño urbano. ¿Cómo comunicas tus canciones a otros públicos diferentes a tu idiosincrasia, en el caso de Santa Cruz por ejemplo?

Es difícil, siempre es un desafío. Lo que yo planteo en el escenario es riesgo, no es algo para un seguro éxito. Yo no puedo cantar un repertorio que no sean mis canciones. Yo no soy cantante, soy cantautor. Es riesgoso. Pero ese riesgo ha hecho que yo esté vigente 28 años, tocando por toda Bolivia. La Paz es como tocar en mi casa. Santa Cruz me parece que fuera otro país. Tienen razón de querer autonomía porque es muy diferente. En Chile, acabo de tocar ahí, en Santiago he visto más afinidad con mis canciones que aquí. Hemos logrado tener un repertorio como el de anoche, donde sacamos el show adelante. Hay canciones que funcionan acá como en Chile. Esperemos que en Europa pase lo mismo, estoy yendo allá en octubre.



¿Cómo te va con el tema de ventas?

Para lo que es Bolivia está bien, 1000 copias. Es muy raro que llegues a vender más, por la piratería, porque la gente no compra el original, es muy difícil.

¿Cuáles son tus actividades paralelas a la música?

He vuelto a la gestión cultural después de muchos años. He trabajado en la Casa de la Cultura de La Paz durante mucho tiempo. He vuelto ahora, en Cochabamba soy asesor del Oficial Mayor de Cultura. He vuelto a ser un oficinista Me gustaría volver a dar clases a nivel superior, colegios. Eso un poco está fallando en Bolivia, el nivel superior de enseñanza musical casi no existe. Ojala pudiera volver a dar clases. He hecho televisión también, tres programas de TV, me gustaría volver a hacerlo. Todo es por el asunto de “sponsors” (auspicios), no manejo bien esa parte. Debo tener a alguien que lo haga.

MI CARRERA HACIA ATRÁS, CAFÉ DEL CENTRO, COCHABAMBA [SEGUNDITA]


Papirri conversando con Reciclarte en CBBA


Empecemos hablando por tu carrera, los inicios.

Yo inicio mi carrera participando en un Festival de la Canción Social. Justamente habíamos derrotado a las barricadas, el golpe de Natusch Bush. Qué época increíble, el 79. Ahí tiraron bombas, combatimos en las calles. Nosotros teníamos un grupo de estudio que se llamaba Tolata. Éramos changos que estudiábamos el marxismo. De ellos ahora hay gente muy importante, el Luis Tapia, el Fabián Yacsik que es vice ministro, con ellos salíamos a combatir bastante. Milagrosamente nos hemos salvado. Yo recuerdo bombas que explotaban detrás porque eran los tanques contra las naranjas. De esa época hicieron un festival y yo presenté una canción, gané el festival. Ahí estaban todos los que eran del movimiento de la nueva canción, lo que iba a ser en el año ’83 la nueva canción boliviana. Julio Cesar Paredes, Emma Junaro, César Junaro, Adrián Barrenechea, Carlos Suárez, Jesús Durán.

Jesús Durán ganó el primer lugar del festival con la canción “Las barricadas de noviembre”, yo gané el segundo lugar con 18 años. Yo ingresé a la facultad de derecho porque el conservatorio estaba cerrado. Había salido bachiller el ’78, el ’79 entré a derecho. Mi papá me dijo: “tienes que estudiar algo”. Entonces, representé a Derecho en el Festival y gané el segundo lugar. Ahí creo que es el punto de inicio de mi trabajo de cantautor. Van a ser 30 años en noviembre del 2009. Han pasado 30 años de dictaduras, exilios, democracias, democraduras y bueno estos nuevos tiempos. “Hasta ahurita” es de esa época. “Cuenta cantos” que es el segundo disco, también es de esa época.

“Hasta ahurita” representa tu primer trabajo editado en 1984.

Mi primer disco es “Hasta ahurita”, es un disco de vinilo. Son canciones que yo compuse durante el exilio con mi familia. García Meza nos sacó a mi padre, a mi hermano y a mí. Ahí, en esa etapa de México compuse las canciones de mi primer disco que se llama “Hasta ahurita”. Volviendo del exilio grabé ese disco, tiene canciones entrañables. El mismo título del disco es una canción que sigo cantando, la hice el año 1979, es un huayño. Después hay otras que ya no vas cantando. Es una pena que vas abandonando algunas canciones porque en un concierto cantas 25 digamos. Son casi 200 canciones.

De ese primer disco tengo recuerdos entrañables de otra canción que se llama Hoy es domingo, dedicada a la nana que me crió. Yo perdí a mi madre a los 12 años y mi padre estaba siendo perseguido por la dictadura de Banzer. Prácticamente yo vivía solo con mi nana, mi empleadita, mi cholita paceña Hilaria. A ella le hice “Hoy es domingo”, que luego la grabó Emma Junaro en Uruguay. Creo que también hay una versión del grupo Viento Sur de Cochabamba. De ese disco la presentación de Matilde Cazazola es muy importante también. Por suerte Discolandia ha hecho un trabajo de compilación donde está buena parte de este disco. Por lo menos hay posibilidad de escuchar las canciones principales de este disco. Está “Señora gorda”, que es una canción del exilio y que también grabó Emma Junaro, está el “Llockallita moco tendido” que a veces la canto y me parece que se la hubiera hecho al Evo Morales (risas). Es sobre los niños migrantes, que después crecen y son líderes. Después hay canciones de amor, hay una balada que se llama “Donde”, cuya persona que me ha inspirado la encontré en un congreso de intelectuales en México. Son canciones compuestas en México, también algunas antes de México, el ’79.


En 1989 editas el disco “Ensamble de cuerdas de madera viva”.

Cuerdas de madera fue una etapa muy linda porque compusimos música contemporánea. Tu sabes que en los conservatorios uno estudia música tonal desde el barroco hasta el 1920 máximo. Todo el siglo XX es negado por los conservatorios. No existe el siglo XX, ni siquiera el siglo XX europeo. Entonces nosotros veíamos un vacío de formación, todo un siglo que no nos enseñaron. Ahí descubrimos que el maestro Cergio Prudencio estaba dando clases. Nos inscribimos a pasar clases con él y de ahí viene el proyecto del ensamble y de la orquesta de instrumentos nativos que es anterior porque Cergio la funda el 79 antes del golpe, pero yo me hago cargo del taller de música de la UMSA (Universidad Mayor de San Andrés, La Paz). Entonces digo: ¿Cuál ha sido el antecedente? Era la orquesta de Prudencio. Entonces le llamo al Cergio y le digo: “Enséñanos compadre, soy el director del taller de la UMSA, tenemos que continuar lo que el golpe de estado paró. Vino, nos enseñó, otra vez la orquesta, 60 integrantes, tarkas, sikus, haciendo música del siglo XX, música contemporánea. De ahí viene el disco este Madera viva, cuyos integrantes son Oscar García en la guitarra, bueno todos somos guitarristas, Cesar Junaro y Pablo Muñoz, quien lamentablemente ha fallecido.

“Lo mejor de Bolivia” sale a la luz en 1990 y viajas al Japón.

“Lo mejor de Bolivia” es un LP que hace Discolandia y claro, como ellos son los dueños le han metido sin decirme nada, pero me han hecho un favor. Metieron “Hasta ahurita” en una compilación donde está Zulma Yugar, Savia Andina, Kjarkas, que se llama Lo mejor de Bolivia. Yo llego a Japón con ese disco y se enteraron los japoneses que yo era uno de esos. Entonces venían y decían (imitando) “usted”. Yo: Si. “Oh” decían, “con Zulma Yugar, Savia Andina, Kjarkas, ustel, oh”. Entonces eso me abrió, me empezaron a dar trabajos, organizar conciertos, me decía zen zei, hermano por el disco ese. Eran adoradores de los Kjarkas, de Zulma Yugar, son fans de verdad. Todo saben viejo, más que nosotros (risas). Después averiguaron más de mí y gracias a eso he trabajado tres años en Japón. Fue la primera vez que Discolandia me hizo un favor (risas).

A partir de “Bien le cascaremos” (1994) inicias un nuevo lenguaje urbano caracterizado por modismos paceños, un acercamiento al público.

Desde el inicio con el “Llockallita moco tendido” hay una recuperación del aymara urbano si tu quieres. Yo no sé aymara, pero hablamos aymara pues. Decimos “chenko”, decimos “llockallita”, utilizamos esas palabras que en esa época eran medio prohibido. Decían “qué le pasa a este, estás cantando Silvio Rodríguez”. Entonces yo, por la relación con la gente de mi barrio siempre traté de reivindicar eso y decir cosas interesantes, informativas.

Musicalmente no me hacía problema. Podía ser una balada, un rap, un huayño, pero el texto sí quería que tenga cierta recuperación de esa habla urbana, de personajes. En el “Cuenta cantos” tienes el “Quencha Terán”, “El Contreras” también es bien interesante. Digo yo, “yo soy El Contreras”, tendría que ser un concertista de terno viejo, bien copado, bien en serio, que mis tías adoren al genio, pero yo soy “El Contreras”. Ya desde esas épocas hay la cuestión del lenguaje, pero hay canciones de amor como “Sacudite”, “Historia de Maribel”, que hicimos un video clip con 30 dólares y ganamos un premio de video clip en La Habana, Cuba. El video fue importante, lo hicimos con Fernando Prado, fue muy linda esa experiencia. Hablaba contra el sordo del alma, el machismo leninismo, me hacía la burla, siempre con el humor también, rico, el folklore.

Como tu dices, “Bien le cascaremos” me amplía más el público. Todo parte de un homenaje que hicimos con canal 13 TVU, un homenaje a Walter Solón Romero. Él había hecho un mural en el Salón de Honor de la UMSA, está el mural todavía, sobre la historia de Bolivia. Entonces el director de cine Marcos Loayza hizo un video y yo le puse la música. “Enigma de fulgor” se llamaba el video. Marcos dirigía el taller de video en la UMSA, yo el de música, lindo staff era, David Mondacca dirigía el de teatro. Muy lindo. Ahí para terminar la historia, porque era muy angustiante la historia boliviana, dije hay que cantar con esperanza y compuse “La esperanza está prendida”. Ahí dije: Don Walter Solón es potosino, entonces que sea huayño potosino. Ahí me encontré con Norte Potosí, les dije “compañeros he compuesto este huayño, con ustedes quisiera tocar para Don Walter” y ellos dijeron “a ver vamos a tomar examen, usted no creo que componga huayño potosino”. Vinieron a la casa, ahí con los charangos y “Bien” dijeron, “vamos a grabar”. Grabamos, es parte de la banda sonora y ganamos el primer premio del Festival Llama de Plata. De ahí viene mi relación con Norte Potosí.

A los pocos meses creo, les llamo y les digo he compuesto “Bien le cascaremos”, es para ustedes. La escuchan y dicen, “Ah no, para nuestro disco queremos”. Ellos graban su disco que se llama “Bien le cascaremos (coplas con copas)”, porque el título original era “coplas con copas”, y es un éxito. Después yo saco mi disco, los caporales lo sacan, y se vuelve un hit en el carnaval de Oruro, el ‘95, ‘96,’97. Eso me amplía el público también. De esa época es “La mamada”, “La cabeza de Zepita”, “Del amor su bailecito”, la canción para la selección boliviana “Gracias por tanta dignidad”, la clasificación al mundial.




“Full guitarra (Piezas latinoamericanas en guitarra)” de 1997 tiene un viraje hacia lo instrumental.

Es un disco de guitarra. Mi mamá quería que yo sea concertista, ella era una concertista muy seria. Ella había estudiado seis años con Julio Sagredas en el Conservatorio de Buenos Aires y el Gobierno Argentino la beca para hacer su maestría de guitarra con Andrés Segovia. Andrés Segovia había huido del franquismo y no sé por qué razón se va a vivir a Montevideo. El podía haber vivido en Nueva York, pero elige Montevideo. Hay una escuela guitarrística en Uruguay que viene de Andrés Segovia. Segovia llega a los 35, 40 años, y mi madre es su alumna. La única mujer porque el viejo era machista, el gran Andrés Segovia. Ella estudia tres años con él. Ella tenía su escuela, una academia muy dura y bueno, ella quería que yo sea guitarrista. Ella se muere muy pronto.

Tal vez si ella no moría, yo hubiera sido-a veces hago chistes en Santa Cruz-mi mamá quería que yo sea como Piray Vaca pero he resultado ser Choqueyapu Monroy (risas).

El año 2002 sale “Cara conocida” con Litto Nebbia. ¿Cómo se da ese contacto?

En el Equinoccio lo encontré a Litto Nebbia. Yo había tocado con él en Río de Janeiro el año ’86, en el Circo Voador. Tocamos Leo Mashliah, yo el Papirri y Joe Ze. Joe Ze no era una cantante tan conocida, ahora está en Japón cantando, un talento increíble. Leo Mashliah pues tu sabes, ya es muy conocido, y Litto Nebbia que siempre fue una gloria desde Los Gatos. En ese concierto me acuerdo que había un boliviano. Eran como 300 brasileños con cerveza porque era al aire libre. Me fue muy bien. A ese boliviano me lo he encontrado exactamente en Sucre él me ha llevado a tocar a Sucre. Siempre se acuerda de “El Contreras”, que lo volvieron batucada. El era el único boliviano que vio ese concierto.

Bueno, años después en el Equinoccio (boliche paceño) me lo encuentro a Litto Nebbia, le cuento y me dice: “no me acuerdo, no me acuerdo de ti, ahh de ese concierto, creo que sí”. Entonces qué pena. Y me dice: “¿Por qué eres Chazarreta? Yo le digo por mi abuelo, se llama Andrés Chazarreta. “¿Tu abuelo es Andrés Chazarreta?” me dice. “Qué raro, este boliviano Chazarreta”. No me creía.

Entonces le traigo la obra completa de Chazarreta. Yo tengo un libro con 280 composiciones. Lo llevo al Hotel Ritz (La Paz) y le digo: “Aquí está compadre, esta es la obra completa de Chazarreta”. Empieza a hojear y Litto Nebbia es un tipo muy culto. Es rockero pero culto. Empieza a leer y dice: “esto es una joya. ¿Por qué no hacemos un disco homenaje a tu abuelo? Yo le digo, magnífico. "Vente a Buenos Aires, yo te doy el estudio, voy a hablar con músicos, voy a ver el catálogo de Melopea (sello de Nebbia)”. Me escribe y me dice: “tengo 13 temas de tu abuelo que podemos incluirlos en el homenaje. Manolo Juarez tocando un tema, Cesar Franov tocando otro, Walter Ríos (bandoneón de Mercedes Sosa) tocando otro”. Había tenido 13, no sé si eran 13 temas diferentes pero 13 versiones de Chazarreta. Entonces cuando yo llego, ya estaba la cosa bien preparada.

Sabes que lo llevo a la casa de mi abuelo a Litto Nebbia, es una anécdota. En Santiago del Estero es la casa de mi abuelo. Pero un gil de esos se ha apropiado de la casa. Uno que era el esposo de mi tía. Se ha muerto mi tía y se ha quedado este coate dueño de casa que en realidad era un pariente político porque era el esposo de la Chazarreta. Vamos con Litto Nebbia y no nos abre la puerta este carajo (risas). No hemos podido entrar al museo. Me he ido a la Dirección de Cultura de Santiago y le digo a la directora: “disculpe, yo soy nieto de Andrés Chazarreta y él es Litto Nebbia”, y ella dice (imitando acento gaucho) “Sí, y yo soy la prima de Belgrano” (risas). No creía la tipa. Me decía “por favor no me haga perder el tiempo”. Al final nos ha creído y con orden judicial hemos entrado a la casa de mi abuelo con ella a la cabeza y está pues en un abandono absoluto. Tengo que ir a ver ese tema porque el gobierno no quiere comprar, hay problema ahí con los familiares, y bueno de ahí volvimos y Litto me dice “qué cagada que Chazarreta esté así tratado. Bueno le haremos el disco”.

Hacemos el disco de homenaje y faltando cuatro días le digo a Litto: “Oye ya hemos hecho el disco de mi abuelo, haremos un disquito mío”. El me dice “ya te doy el estudio pero tres días nomás”. Pero le digo “yo quiero tocar contigo, con tu bajista, con tu baterista”. “Puta boliviano, mucho estás pidiendo” (risas). Le digo “pero hermano yo he grabado aquí”. “Ya, pero tienes que tener un presupuesto” me dice. Le digo, sabes dónde puede haber plata, en SADAIC (Sociedad de Compositores Argentina). Cuatro años que no nos llegaba plata de Chazarreta. Nosotros como herederos nos llega anualmente un dinero. El ha muerto hace 45 años, pero tan bien organizada es SADAIC que todavía nos sigue llegando dinero como nietos. Averiguo y pucha, habían habido 2000 dólares. Litto Nebbia me dice “podemos grabar” (risas). Claro, me hacen un presupuesto simbólico, toca Cesar Franov, Nebbia, etc. Hago las bases de “Cara conocida” en tres días. Ellos ni conocían los temas, pero con partitura sí. Eso ha sido una debilidad, que no conozcan los temas pero ha sido rico grabar en tres días. Me traje el disco aquí, en Pro Audio con Oscar García, se sumó el Alvaro Montenegro, el Panchi de Atajo, Negro & Blanco, se terminó un disco rarísimo. Salió el “Cara conocida” pero nunca más lo volví a ver a Litto Nebbia. Tampoco salió el disco de homenaje a Chazarreta. Nunca salió. Litto me dijo: “estamos en una crisis económica muy jodida, está a punto de cerrar Melopea por la piratería, la falta de apoyo, la devaluación y ahí se quedó”. A veces le escribo, le digo: “cómo es del disco” y me dice: “estoy en Barcelona”. Bueh. Nunca salió el disco, algún día saldrá o por lo menos que nos dé el master. Y bueno esa es la historia del disco “Cara conocida”. Me sacó de una tremenda depresión. Yo estaba muy deprimido por unos problemas que tuvo mi hermano. Entonces “Cara conocida” fue para mí un disco vital.

¿Dónde encaja la formación académica a la hora de hacer folklore?

La formación mía es de guitarra clásica. No he podido entrar la cuestión orquestal. Me hubiera gustado poder componer para orquesta pero mi formación ha sido de instrumentista y eso es un problema. La formación de instrumentista en los conservatorios es como caballo cochero, tu instrumento. No ves el macro. Sí te dan cierta formación. Creo que es importante. No hubiera tenido trabajo en Japón si no hubiera sabido leer música.

¿Y el folklore?

Eso tiene que estar muy aparte nomás porque es tradición oral. Es contacto, sentimiento, intuición. Después sirve para escribir la partitura. Te doy un ejemplo. Cuando conozco la saya afro boliviana el año 1990, en el disco “Bien le cascaremos”, fuimos con Luis Rico a dar un taller de música en Coroico en el marco de la producción alternativa de la coca.

Entonces mientras hablaban de pomelos y café, nosotros hablábamos de música. Nuestros alumnos eran de Tocaña y de Coroico, afrobolivianos, negritos, todos negritos. En la noche, nuestros alumnos salen con sus instrumentos. Yo le digo a Luis: “¿Qué es esto? Y él me dice: “No tengo idea”. Entonces preguntamos y nos dicen: “es la saya”. No puede ser, la saya es otra cosa. Era la saya. Conocemos la saya el ’90, porque grupos cochabambinos nos habían metido en la cabeza que la saya es el caporal. Una confusión tremenda.

A partir de ahí yo me dedico a reivindicar la verdadera saya. Los llevo inmediatamente conmigo a tocar al Teatro Municipal de La Paz. Primera vez que habían tocado los compañeros en un teatro, el año 1990. Mi público se volvió loco. De ahí me fui a Japón, vuelvo, los llamo y grabamos “Bailando saya”. Y componer esa saya me costó un par de meses, había que estudiar. Para eso sí me sirvió la música, estudiar la línea melódica, estudiar la fraseología, la rítmica, porque estás afrontando un problema étnico. No es algo que te sale del corazón. Si bien soy medio "chusco" (crespo), hay algo negro en mí, tenía que estudiar. Entonces para eso me sirvió la formación en el conservatorio.

¿Cuándo vuelves a la primera etapa de tu carrera, es decir de lo urbano a la canción?

Bueno nunca he abandonado los géneros latinoamericanos siempre han estado presentes. Es como mi abuelo que siempre me dice: “cuidado te olvides del folklore”. El año pasado estaba yendo con el rock, con el Grillo Villegas. Mi amistad con el Villegas me estaba llevando al rock. Hemos compuesto el hit del Villegas “No viene nadie”. Un amigo dice que la interculturalidad es un acto de respeto, es un acto de amor. A veces no te quieren respetar. Entonces el Villegas no quería que sea morenada. “Yo soy rockero, mi público es de la zona sur, no me vengas con tus cascaremos”. Yo le dije: “compadre, si me has invitado a componer, tiene que haber interculturalidad, tiene que haber aporte”. Al final salió una morenada y sin llorar, y fue un hit. Vuelvo a lo de mi abuelo: “no te olvides del folklore”. Hacemos jazz. Con Carlos Ponce, Saúl Callejas, hemos hecho estándares de jazz. Hemos tocado Niña camba, El Guajojó, pero en jazz, con nuestro instrumentos.

Me refería a la canción, al contexto de la época en que editaste tus primeros trabajos.

Lo social lo he ido abandonando un cacho. “Bien le cascaremos” es una canción de protesta. En el fondo, el estribillo pegó, las caporales sus falditas movían (risas) pero las estrofas son de cuestión social. Es una crítica a la clase política. En esa época los celulares usaban, los del MIR sobre todo, los mirsubishis. En el “Papirri en vivo” hay una canción que se llama “Bye bye Goni”, cuando se va en el helicóptero. Siempre ha estado presente ese asunto, la cuestión social, la protesta. Ahora, con esta etapa nueva estoy componiendo canciones. Anoche estrené una que se llama “Un boliviano en Chile”, reivindicando nuestro derecho de acceso al mar. Es bonito porque una noche, en Santiago, un tipo me dijo: “yo soy de un movimiento que se llama Movimiento Martí”. Ahh le digo “pensador cubano”. “No” me dice. “Es una sigla que significa Mar para Bolivia, tierra para los mapuches”. El tipo era chileno, tenía 60.000 firmas. Yo le tiré las 61.000 (risas).

PERFIL

Manuel Monroy Chazarreta, mejor conocido como El Papirri, nació en la ciudad de La Paz, Bolivia. Tiene 45 años y es guitarrista, compositor y cantautor. Ejerció la enseñanza musical durante muchos años en el Conservatorio Nacional de Música de La Paz. Actualmente es gestor cultural de la Casa de la Cultura de la ciudad de Cochabamba. Su discografía comprende: Hasta ahurita (1984), Ensamble de cuerdas madera viva (1989), Lo mejor de Bolivia (1990), Lo mejor de Manuel Monroy (1992), Bien le cascaremos (1994), Que tal metal (1997), Full guitarra (1997), Cara conocida (2002), Antojolía (2004) y El Papirri en vivo (2006).

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