viernes, 22 de abril de 2016

A DAY IN THE LIFE

David Mamani Cartagena 




Las primeras memorias que tengo de Prince es la banda sonora de Batman, la primera canción de ese disco mientras suena de fondo la risa de Jack Nicholson interpretando al Guasón. O la vez que vi a Julio Sabala en tv, doblando una guitarra inflable mientras hacía el solo de “Purple rain”. Luego escucharía hits sueltos en la radio, “Kiss” y ese riff onda disco, como “Cream”. Ví el video de Cream y me parecía tan sexual, una orgía. En 1995 sonaba The most beautiful girl in the world en la radio y llegué a comprarme el “Gold” y el siguiente “Chaos and disorder”. Recuerdo que los compré en Discolandia de la calle 21 de mayo. Aunque siempre quise comprarme el triple que tenía los hits y lados B, que también estaba en esa tienda y hoy parece un sueño frustrado.

Diez años después, en 2005, pude ver la película “Purple rain” (alquilada de un videoclub) y comprarme la banda sonora en cd original que todavía conservo. Sigo pensando que “Let’s go crazy” es la mejor canción pop que tiene Prince.

Hace unos días terminé de bajar la discografía casi completa de Prince, y escuchar cada disco. Diría que me falta completar los discos del 2000 en adelante. También pude postear en FB  algunas, pocas performances que hay en video disponible en Youtube. Hay una en particular, la del SuperBowl del 2007 que casualmente comienza con Let’s go crazy y concluye con Purple rain, mientras una intensa lluvia cae y Prince canta y toca la guitarra. El solo de guitarra de Purple rain es una obra maestra definitivamente.

Al enterarme de la muerte de Prince ayer, tengo la impresión de que cada vez que un músico fallece, pareciera que cerrara un ciclo en nuestras vidas. Como la primera vez que su arte llegó, nos sentimos lejanos y cercanos. Queda la inmortalidad de la música.